sábado, 7 de julio de 2012

RITOS DE LA ANTIGUA ROMA


Las fiestas romanas

Se celebraban para agradecer a las divinidades la cosecha, la siembra o los frutos de la tierra, pero también tenían que ver con victorias militares y otros acontecimientos relevantes para el pueblo romano. Entre las más importantes estaban las matronales, las parentales y las saturnales.
Las matronales eran las fiestas de las matronas o madres de familia romanas. El 1 de marzo, eran ellas las que tomaban la iniciativa en la casa. Poco después se celebraban las parentales, que duraban nueve días, hasta el comienzo de la primavera el 21 de marzo. Era una fiesta dedicada a los difuntos, por lo que se visitaban las tumbas de los familiares.
Las saturnales, dedicadas a Saturno, se realizaban a mediados de diciembre cuando acababan las labores del campo. Durante un período de la fiesta se intercambiaba la categoría social y personal, de manera que los amos servían a los esclavos y los varones a las mujeres.
Además de estas fiestas, los romanos eran muy aficionados a realizar juegos públicos, y los entendían como celebraciones importantes en honor a los dioses en momentos determinados del año. Por ejemplo, los juegos circenses, que consistían en carreras de carros, estaban dedicados al dios Marte.
FUNERALES 

El funeral daba inicio en casa del difunto. La familia acompañaba al moribundo a su lecho, para darle el último beso y retener así el alma que se escapaba por su boca. Tras el fallecimiento, se le cerraban los ojos y se le llamaba tres veces por su nombre para comprobar que realmente había muerto. A continuación se lavaba el cuerpo, se perfumaba con ungüentos y se le vestía. Siguiendo la costumbre griega se depositaba junto al cadáver una moneda para que Caronte transportara su alma en barca y atravesar así la laguna Estigia hacia el reino de los muertos. Finalmente el cuerpo del difunto se colocaba sobre una litera con los pies hacia la puerta de entrada, rodeado de flores, símbolo de la fragilidad de la vida y se quemaban perfumes. Según la condición social permanecía expuesto de tres a siete días. En la puerta de la casa se colocaban ramas de abeto o ciprés para avisar a los viandantes de la presencia de un muerto en el interior. Como señal de duelo evitaban encender fuego en la casa. 

MONUMENTOS FUNERARIOS 

Una vez consumida la pira, los familiares recogían en una tela blanca los huesos calcinados y los enterraban en una urna o los depositaban en una vasija para depositarlo en un columbario. La tumba adquiría la categoría de altar, símbolo de la vida sedentaria. Debía de estar en el suelo y no podía cambiar de lugar, ya que los Manes exigían una morada fija a la que estaban vinculados todos los difuntos de la familia. El espacio del enterramiento, sepulchrum, adquiría el carácter de lugar sagrado, locus religiosus, inamovible, inalienable e inviolable. La tumba se consagraba con el sacrificio de una cerda y una vez construida se llamaba tres veces al alma del difunto para que entrara en la morada que se le había preparado. 
Las tumbas estaban dotadas de elementos para poder celebrar banquetes funerarios con los que sus seres queridos honraban al difunto. Frecuentemente se realizaban ofrendas de huevos, judías, lentejas, leche, miel y vino. El vino era un sustituto apropiado de la sangre, la bebida favorita de los muertos.
La creencia de otra vida tras la muerte motivaba que el individuo fuera enterrado con objetos que había utilizado en vida y que ahora podían acompañarle y servirle en esta nueva vida: ropa, cerámica, utensilios de trabajo, etc. Junto a estos objetos también se colocaban otros relacionados con el ritual funerario: la lucerna que iluminaba el camino hacia el más allá, la moneda para pagar a Caronte, recipientes para alimentos o ungüentarios para los perfumes.
A finales del S II, principios del S III las incineraciones fueron sustituidas por las inhumaciones en todo el Imperio, excepto los enterramientos infantiles que continuaban incinerándolos. 
Durante los nueve días siguientes al funeral, se realizaban ritos que finalizaban con una comida y el sacrificio de un animal. Los alimentos y la sangre de los animales sacrificados eran ofrecidos a los antepasados del difunto, los dioses Manes, y al individuo fallecido para así divinizar su alma y situarla junto a las divinidades protectoras de la familia.
El tiempo de luto para los familiares directos era de diez meses y no podían realizar fiestas ni utilizar adornos. Las atenciones al difunto seguían continuando después de este tiempo para asegurar su descanso eterno. Las ofrendas de comida: pan, vino, frutas, uva, pasteles, etc. y flores como violetas y rosas eran habituales y se hacían llegar al difunto a través de un conducto de cerámica o de un orificio situado en la cubierta de la tumba, el tubo de libaciones. Estos actos eran realizados por la familia el día de cumpleaños del difunto. Los difuntos eran honrados de forma general los días de Parentalia, que tenían lugar entre los días 13 y 21 de febrero. Otras fiestas dedicadas a los difuntos y más antiguas fueron las Lemurias, celebradas el 9, 11 y 13 de mayo. Durante estos días las almas cuyos cuerpos no habían recibido sepultura rondaban las casas y el padre de familia realizaba un ritual con habas negras para alejar a los espíritus errantes. Se levantaba, se lavaba las manos como señal de purificación y se metía las nueve habas negras en la boca. Descalzo por la casa iba escupiendo las habas una a una, para que alimentasen a los Lemures, espíritus malignos que atormentaban y dañaban a los vivos, y pronunciaba las palabras del ritual. Al finalizar volvía a lavarse las manos, y sin mirar atrás hacia sonar un platillo y volvía a recitar las oraciones. Así los Lemures habían abandonado la casa y volvían al mundo de los muertos. Los difuntos a los que no se había dado sepultura o celebrado el ritual funerario vagaban errantes sin morada, causando la desgracia a los seres vivos y asustándolos con apariciones nocturnas, hasta que daban sepultura a sus restos y cumplían el ritual funerario. Por ello, incluso a los que morían lejos de la familia y su cuerpo era enterrado en otras tierras, se le celebraba el ritual completo.Las principales inscripciones funerarias de los romanos eran D.M.S., Dis Manibus Sacrum ("Consagrado a los Dioses Manes"), H.S.E., -Hic Situs Est- ("aquí está enterrado"), o S.T.T.L., -Sit Tibi Terra Levis- ("que la tierra te sea leve"). No solía figurar el día de la muerte, se indicaba la edad del difunto, el nombre o la familia a la que pertenecía y finalmente se inscribían unas palabras afectuosas para con el difunto: queridísimo, benemérito, etc.



MATRIMONIO

El matrimonio en la Antigua Roma era una de las principales instituciones de la sociedad y tenía como principal objetivo generar hijos legítimos que heredasen la propiedad y la situación de sus padres.1 2 Entre los patricios también servía para sellar alianzas políticas o económicas. Un ejemplo era el de Julia Caesaris (hija de Julio César y Cinilla), quien inicialmente se había comprometido con Marco Junio Bruto y que terminó casándose con Cneo Pompeyo Magnodebido al deseo de su padre de establecer una alianza con Pompeyo que condujo al Primer Triunvirato.3 Otro ejemplo fue el Tratado de Tarento, el cual dio lugar al matrimonio entre OctaviaMarco Antonio.4 5
En la Antigua Roma, el matrimonio se había de cumplir con ciertos requisitos tales como la edad, siendo comunes los catorce años para los hombres y los doce para las mujeres, siendo raro que se casaran pasada la treintena. Además, cuando la esposa de un miembro de la alta sociedad cometía adulterio, éste podía matarlos pues se consideraba como un acto decente para así mantener su honor.

APRECIACIÓN PERSONAL 

Nos podemos dar cuenta, que los antiguos romanos manejaban una clase de ritos muy diferentes al los de ahora; siguiendo de generación en generación. Siendo muy diferentes a los que tenemos hoy en día, claro esta que desde esas épocas hasta las de hoy nuestros muertes se entierran, respecto al matrimonio; se podría decir que era diferente por que hoy se permite la unión de una mujer con un hombre sin importar su clase social, ni su nacionalidad; defendiendo esto la constitución política de nuestro país. 

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